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La Reflexología

La Reflexología es una terapia que utiliza la presión y el masaje en los pies y en las manos, para promover la curación y la prevención de muchas enfermedades. La Reflexología es una terapia curativa holística que no aísla una enfermedad para tratar sus síntomas, ni actúa específicamente sobre un órgano, sino que trata a la persona como una unidad, un todo, con el objetivo de inducir un estado de equilibrio y armonía.

Según los orientales, todas las enfermedades son resultado del desequilibrio energético  del cuerpo. La Reflexología tiene como objetivo devolver el equilibrio al organismo. El masaje profesional aplicado en las áreas reflejas va a mostrar qué partes del cuerpo están fuera de equilibrio y al administrar el tratamiento apropiado, corregir estos desequilibrios y hacer que el cuerpo vuelva a un estado óptimo de salud.

El cuerpo es un campo de energía dinámico.  Los chinos descubrieron que esta energía, que ellos llaman ‘chi', circula a lo largo de los meridianos, que son las líneas de energía que existen en el cuerpo.  Los principales meridianos que atraviesan los órganos más importantes se encuentran en los pies.  Por esto, al masajear las áreas reflejas de los pies se ayuda a desobstruir los bloqueos a lo largo de los meridianos y se estimula la energía vital del cuerpo a fluir libremente. De ahí empieza una reacción en cadena que resulta en alteraciones fisiológicas en todos los órganos y sistemas del organismo.

Uno de los grandes beneficios de la Reflexología es la reducción del estrés.  Se sabe que el 70% de los disturbios físicos pueden estar relacionados con el estrés y la tensión nerviosa.  El estrés es parte de la vida moderna y es difícil evitarlo, por el ritmo de vida que llevamos, por el congestionamiento en las carreteras, el ruido, las dificultades en el trabajo, problemas familiares y económicos, la polución, y la lista es larga... El estrés afecta a las personas en grados y maneras diferentes:  problemas cardíacos, gastrointestinales, palpitaciones, ansiedad, insomnio, depresión, dolores de cabeza, etc.  La Reflexología ayuda a aliviar los efectos del estrés al inducir un relajamiento profundo y un reequilibrio orgánico.

La Reflexología estimula una buena circulación sanguínea, así como un buen funcionamiento de las glándulas endocrinas y del sistema inmunológico, y además ayuda a disminuir dolores localizados en diferentes partes del cuerpo por acción refleja. Todo esto, por que revitaliza los flujos de energía del cuerpo promoviendo un equilibrio y armonía orgánica.

Todos podemos beneficiarnos con la Reflexología, y puede aplicarse en hombres, mujeres, niños, adultos, adolescentes e incluso bebés. Al aplicarla a un niño muy agitado, y con dificultades de concentración en sus tareas o juegos, la Reflexología lo relaja contribuyendo a su equilibrio mental y emocional.  Las personas mayores también pueden beneficiarse con tratamientos de Reflexología, a fin de mantener sus funciones orgánicas en armonía.

HISTORIA

La historia de este arte curativo se pierde con el velo del tiempo, sin embargo, existen evidencias que desde hace más de 4,000 años, culturas tan antiguas como los Egipcios y los Chinos, entre otros, ya utilizaban la Reflexología como una verdadera disciplina en lo que en ese entonces era la naciente ciencia médica. 

A través de generaciones, han existido muchas personas entrenadas en esta ciencia, y que a través de sus experiencias fueron descubriendo la existencia de puntos muy específicos en los que se podía estimular el funcionamiento de algunos órganos, glándulas y partes del cuerpo.  Con el devenir del tiempo, ese conocimiento fue ampliándose en tal medida, que se dio lugar al desarrollo de nuevas técnicas curativas como la Acupuntura, por citar alguna, y que tuvieron su origen en la primera etapa del desarrollo histórico de la Reflexología. 

Papiros en muy buen estado de conservación, muestran como entre los Egipcios era muy común la práctica de la Reflexología Podálica (en los pies), así como también la aplicación de la Reflexología a las palmas de las manos. 

Dando un gran salto en el tiempo, ubicándonos ya en nuestro siglo, en 1913 el médico William Fitzgerald, MD, radicado en Connecticut, tras estudiar aquellas viejas técnicas empezó a aplicar lo que él mismo llamó "Zone Therapy" o Terapia Zonal, con la que logró reducir, y en ocasiones eliminar, el dolor en algunas partes del cuerpo. Casi simultáneamente, en la ciudad de Nueva York, otros dos pioneros de la Reflexología moderna en Norteamérica, los doctores Edwin Bowers y George Starr White, desarrollaron e implementaron las técnicas de la Reflexología en su tarea diaria, tanto que les valió el rechazo de la comunidad médica de aquél entonces. 

En nuestro tiempo, la Reflexología es ampliamente conocida y practicada en muchos países del mundo, y actualmente es reconocida como medio de curación efectiva para muchas enfermedades.

En la actualidad, muchas asociaciones colegiadas, organizaciones e instituciones de enseñanza alrededor del mundo, promueven, enseñan y practican la Reflexología como una verdadera ciencia al servicio de la salud.

La Reflexología se basa en la teoría ampliamente comprobada de que existen micro-conexiones evidentemente nerviosas y linfáticas de muchos puntos específicos del cuerpo entre sí. A esas áreas en donde se localizan zonas reflejas de cada parte del cuerpo, se les conoce como "Zonas Microreflejas". 

Para ilustrar lo dicho anteriormente, propongamos un ejemplo: Tomemos un órgano especifico, que puede ser la vejiga urinaria.  Este órgano tiene pequeñas áreas microreflejas en la palma de las manos, en la planta de los pies, (vea el mapa de los pies en este mismo sitio), en el pabellón de la oreja, en el cuero cabelludo, en el iris de los ojos, en las uñas y en algunos sitios más.  (Fin del ejemplo). 

Mediante la adecuada estimulación de esos puntos reflejos, la funcionalidad del órgano o estructura que refleja, puede ser modificada .

CÓMO SE REALIZA UN TRATAMIENTO
Una de las principales pioneras del masaje zonal, la norteamericana Eunice D. Ingham, sugiere realizarlo mediante presión con el pulgar, imprimiendo un movimiento similar al que emplearíamos para pulverizar un terrón de azúcar con el pulgar de una mano sobre la palma de la otra.  Ante todo, es muy importante la posición tanto del masajeado como del masajista.  Lo mejor, naturalmente, es que el paciente se tumbe con un cojín bajo las rodillas y el pie posado sobre las rodillas del masajista, el cual debe colocarse en una postura que le garantice la mayor comodidad posible.  El movimiento del pulgar (o de otros dedos) sobre la parte masajeada debe ser lento, profundo y circular. No obstante, antes de comenzar el masaje es conveniente que el masajista se familiarice con cada píe, tomándolo entre las manos y manipulándolo durante al menos un minuto. Al mismo tiempo, el paciente se preparará para la operación relajándose con dos, o tres respiraciones profundas. 

Dado que, presumiblemente, en el masaje zonal se produce un auténtico intercambio energético entre masajeado y masajista, digamos que una especie de comunión, es conveniente que también el masajista se encuentre en una actitud relajada y trate de respirar armónicamente, mientras dura el masaje.  Existe la posibilidad de que el masajista se cargue de energía negativa procedente del paciente.  Para contrarrestar esto, el masajista puede protegerse usando un método sencillo de visualización de luz alrededor de él.  Si, aun tomando todas las precauciones debidas, se siente cansancio o tensión, es aconsejable realizar dos movimientos decididos con las manos, como para liberarlas de unas gotas de agua.  El hecho de lavarse las manos después de cada sesión y de mantenerlas cierto tiempo en agua fría contribuye a la relajación del masajista.  En cuanto a la duración del masaje zonal, puede decirse que varía, dependiendo de sí la sesión tiene una finalidad meramente relajadora o bien claramente terapéutica. En el primer caso puede durar incluso una hora (medía hora cada píe); en el segundo caso hay que evitar excesos de estimulación, por lo que el masaje no debería superar el cuarto de hora para cada píe. 

Las toxinas que se liberan durante el masaje deben ser eliminadas.  Para evitar acumulaciones considerables es conveniente espaciar las sesiones, del mismo modo que se aconseja que cada sesión vaya seguida de un corto descanso o de una siesta. 

El masaje de las manos equivale al de los pies, pero entraña mayor dificultad por cuanto respecta a la localización de las zonas deseadas.  Para compensar, el masaje de las manos puede realizarse en cualquier momento y prácticamente en cualquier lugar. Y sobre todo, puede auto practicarse.  Este último aspecto ofrece una gran ventaja.  No obstante, es necesario conocer bien los puntos estratégicos, así como los movimientos que hay que realizar con una habilidad que se adquiere sólo con la experiencia.  Por ser de más fácil acceso que los pies, el masaje zonal de las manos constituye una terapia muy conveniente en casos de emergencia. 

El éxito de un tratamiento de Reflexología depende de la habilidad con la que se lleva a cabo.  El principio fundamental es reducir la tensión y facilitar el flujo de sangre al área afectada.  La Reflexología, según sus cultivadores, estimula además el flujo de energía fina, que revitaliza así todo el organismo .

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